Decir que algo es sano o que es saludable parece lo mismo, ¿verdad? Pues os equivocáis, y la diferencia, aunque sutil, importa más de lo que pensáis. Pero antes de entrar en materia, recordemos los orígenes de estas palabras.
El adjetivo sano proviene del latín sanus, que remite sobre todo a la integridad física y mental del cuerpo. A partir de aquí, nacen también otras palabras como ‘sanatorio’ o ‘sanidad’. Por otro lado, saludable tiene su origen en salutaris, que, a su vez, proviene de salus, salutis, es decir, salud o salvación. Como pequeña curiosidad, quiero añadir que el verbo saludar también tiene su origen aquí (nace del latín salutare, que se forma a partir de salus), pues saludar significa «desear salud».
En cuanto a sus significados, sano se define según la RAE como «que goza de perfecta salud». En cambio, saludable describe algo que promueve o favorece la salud. Entonces, tendríamos, por un lado, un cuerpo o un corazón sanos y, por el otro, un hábito o una dieta saludables. Pero ¡ojo! Algunos términos admiten ambos adjetivos: las frutas pueden estar sanas, es decir, estar en buen estado, y también pueden ser saludables, ya que nos proporcionan vitaminas que favorecen a nuestra salud. Por último, no nos podemos olvidar de que sano lo utilizamos también en expresiones como «sano juicio» o «competencia sana», aludiendo a la cuarta acepción de la RAE: «Libre de error o vicio, recto, saludable moral o psicológicamente».
Además, hoy en día, debido a la influencia del inglés y a la gran introducción de anglicismos en nuestra lengua, se ha empezado a utilizar el término healthy como sustituto de estas palabras. Ahora ya no estás sano, sino que estás healthy, o no haces unas galletas más saludables, haces unas galletas que son healthy. ¡Como si en español no tuviéramos suficientes términos ya!
Hay un detalle que suele pasar desapercibido, y es que esta distinción no existe en todas las lenguas. El alemán, por ejemplo, resuelve ambos conceptos con una sola palabra: gesund. El inglés, como ya hemos mencionado, tiene healthy (y también healthful pero seamos sinceros, ¿cuántas veces habéis escuchado este último término, si es que alguna?). El hecho de que el español mantenga los dos adjetivos vivos y con matices propios es un pequeño lujo heredado del latín que comparten también las demás lenguas románicas. Por ejemplo, en italiano se distingue entre sano y salutare; en francés, se diferencia entre sain y salutaire; y, en catalán, existe sa y saludable. Curiosamente, en euskera, que no tiene nada que ver con el latín, nos topamos también con esta distinción. Sin embargo, tiene una etimología diferente: a partir de la palabra osasun (salud), se forma osasuntsu («el que tiene salud», es decir, ‘sano’) y osasungarri («que produce salud», es decir, ‘saludable’). Como veis, el primer adjetivo está compuesto por el sufijo tsu (lleno de), y el segundo, por el sufijo garri (que sirve para). El euskera, por tanto, mantiene la misma raíz y le añade dos sufijos diferentes, mientras que el español y las otras lenguas románicas recurren a dos raíces distintas.
Para terminar, recuerda la expresión «sano y salvo», donde en una misma frase nos encontramos con dos palabras mellizas —que no gemelas— con un significado casi idéntico, pero de raíz latina diferente. Y así llegamos al final de esta columna, ¡salud!
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Raquel Peris es traductora; máster en traducción médico-sanitaria por la Universidad Jaime I (UJI).
Ser healthy ya no está de moda. Ahora se lleva ser sano… Espera, ¿o era saludable? On Raquel Peris Off