Aparato Digestivo
Rosalía Sierra
Informe de la SEPD
La falta de profesionales sanitarios se ha convertido en el principal cuello de botella de los servicios de aparato digestivo en España y en una amenaza directa para la sostenibilidad y la calidad del Sistema Nacional de Salud (SNS). No es una advertencia abstracta, sino una realidad que se repite en los servicios, en los cuadros de guardia y en las agendas saturadas. Así lo constata el proyecto INNOVA Digestivo, una iniciativa impulsada por la Sociedad Española de Patología Digestiva, que ofrece una radiografía minuciosa de los problemas estructurales de la especialidad y plantea una hoja de ruta compartida para intentar reordenar el sistema desde dentro.
El informe nace de una escucha amplia a jefes de servicio y responsables clínicos de todo el país, y lo que devuelve no es un diagnóstico aislado, sino un patrón repetido. La insuficiencia de plantillas aparece como el segundo gran problema de los servicios de Digestivo, solo por detrás de unas listas de espera que siguen actuando como termómetro de la tensión asistencial. Falta músculo médico, falta enfermería especializada -en especial con formación avanzada- y, quizá más silencioso pero igual de decisivo, falta capacidad para atraer y retener talento en un sistema que se percibe cada vez más exigente y menos flexible.
El contexto ayuda a entender la presión. Los servicios de Digestivo atienden una demanda que crece de forma sostenida, alimentada por el envejecimiento de la población, el aumento de patologías crónicas como la enfermedad inflamatoria intestinal o las hepatopatías, y la expansión de los programas de cribado del cáncer colorrectal. La curva asistencial sube; la de recursos humanos, no. Y entre ambas, el sistema se estira hasta el límite.
“La sensación generalizada es que se trabaja en tensión permanente”, resume el informe, que describe un equilibrio cada vez más frágil entre lo que se demanda y lo que realmente se puede ofrecer. Ese desajuste no solo se traduce en demoras, sino en algo más profundo: condiciona la calidad asistencial, dificulta la innovación organizativa y erosiona la motivación de unos profesionales que sienten que el sistema avanza más rápido que su capacidad de respuesta.
En este escenario, INNOVA Digestivo introduce una idea clave: el problema no se resolverá simplemente ampliando el número de plazas MIR. España no parte de un déficit absoluto de especialistas, sino de una distribución desigual, una infrautilización de competencias y un modelo organizativo que no termina de adaptarse a la complejidad actual de la asistencia.
La formación y el desarrollo competencial se convierten así en el eje silencioso del informe. No basta con formar más, sino con formar mejor y, sobre todo, con ajustar lo que se forma a lo que realmente necesita el sistema. El análisis detecta una brecha entre la formación recibida y la realidad asistencial, así como un desaprovechamiento de competencias avanzadas que limita la capacidad resolutiva de los servicios. De ahí que el informe insista en planificar los recursos humanos no desde la estadística, sino desde la carga real de trabajo, la subespecialización creciente y la evolución tecnológica de la propia especialidad.
En ese tránsito aparece también una idea de fondo: la necesidad de reconocer trayectorias profesionales más flexibles, con itinerarios de especialización avanzada, desarrollo competencial progresivo y una estructura que favorezca la retención del talento. El modelo actual, sugiere el informe, no siempre acompaña la complejidad de la medicina digestiva contemporánea.
Pero la reflexión no se queda en lo clínico. El documento señala también un déficit menos visible, aunque igual de determinante: el de las competencias no clínicas. La gestión de equipos, el liderazgo asistencial o la organización de procesos complejos siguen siendo ámbitos insuficientemente desarrollados, pese a que determinan el funcionamiento cotidiano de los servicios. En paralelo, se reclama una mayor formación en gestión basada en valor y en la toma de decisiones organizativas en entornos de alta presión.
A ello se suma un capítulo cada vez más decisivo: la digitalización. El informe incorpora la necesidad de formar a los profesionales en competencias digitales, desde la telemedicina hasta el uso responsable de la inteligencia artificial, entendidas no como una capa tecnológica añadida, sino como una herramienta para reordenar el tiempo clínico. En un sistema donde el tiempo es el recurso más escaso, la tecnología aparece como una posible vía de descompresión, siempre que se integre de forma inteligente.
Porque uno de los puntos más repetidos es precisamente ese: la pérdida de tiempo asistencial. La sobrecarga administrativa, las tareas no clínicas y los procesos duplicados consumen una parte significativa de la jornada médica. Ese desgaste invisible alimenta la percepción de falta de profesionales incluso cuando las cifras globales no son deficitarias. Menos tiempo clínico efectivo equivale, en la práctica, a menos capacidad asistencial.
En ese mismo eje se sitúa la enfermería de práctica avanzada, llamada a ocupar un papel más relevante en la estructura asistencial. El informe apunta que su desarrollo podría ser clave en áreas como la endoscopia, la hepatología o la enfermedad inflamatoria intestinal, reforzando la capacidad resolutiva de los equipos y mejorando la continuidad asistencial. Sin embargo, su integración sigue siendo desigual y, en muchos casos, incompleta.
La dificultad para captar y retener talento completa el diagnóstico. En un entorno de alta movilidad profesional y competencia entre territorios, la ausencia de itinerarios claros de carrera, el reconocimiento limitado de competencias específicas y la escasez de incentivos ligados a la excelencia empujan a muchos profesionales hacia otros sistemas o hacia el sector privado.
Frente a este panorama, INNOVA Digestivo no se limita a describir el problema. Propone una transformación estructural basada en la planificación realista de plantillas, el reconocimiento efectivo de la docencia y la investigación, la flexibilización de la carrera profesional y el refuerzo del liderazgo clínico como elemento vertebrador del cambio.
La formación continua se sitúa como otra pieza esencial. El proyecto defiende programas específicos en gestión clínica, liderazgo y nuevas tecnologías, no como complemento, sino como parte estructural del desarrollo profesional. La medicina digestiva, subraya el informe, es cada vez más compleja, y esa complejidad exige competencias también más amplias.
Más allá de los servicios, el impacto del déficit de profesionales se extiende a todo el sistema. Afecta a la equidad en el acceso, a la coordinación con Atención Primaria, a la gestión de la demanda y a la capacidad de innovación. En definitiva, condiciona la forma en que el sistema responde -o no- a las necesidades reales de la población.
La advertencia final es clara y, en cierto modo, transversal a todo el documento: ignorar el problema de los profesionales no es posponer una reforma, sino comprometer el futuro de la especialidad. La SEPD plantea así la necesidad de una estrategia nacional consensuada, basada en evidencia y liderazgo profesional, que sitúe a las personas en el centro de la transformación sanitaria.
Con la continuidad del proyecto INNOVA, la sociedad científica asume el reto de trasladar estas propuestas al terreno de la política sanitaria y convertirlas en medidas reales. Porque, como resume el informe en su cierre, no hay tecnología, innovación ni calidad asistencial posible sin profesionales suficientes, motivados y capaces de sostener un sistema que ya trabaja, en muchos casos, al límite de su propia elasticidad.
La falta de profesionales lastra los servicios de Digestivo en España y amenaza la calidad del SNS, según 'INNOVA Digestivo', que alerta del desajuste entre demanda y recursos.
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Rosalía Sierra
Profesión
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