En el marco del Día Mundial de la Prematuridad este 17 de noviembre, desde Fundación Nene queremos poner el foco en un grupo de recién nacidos que, pese a ser los más numerosos entre los prematuros, es el grupo históricamente con menor visibilidad clínica y suele pasar desapercibido: los nacidos entre las 32 y 36 semanas de gestación.
Se estima que este subgrupo representa entre el 72% y el 79% de todos los nacimientos prematuros, y la mitad corresponde a los de 35 y 36 semanas. Sin embargo, durante años han sido tratados como nacidos a término, lo que ha generado un profundo desconocimiento de sus necesidades reales y de los riesgos que enfrentan, y ha llevado a miles de familias a transitar solas por un camino lleno de riesgos.
Aunque en la literatura médica se utiliza el término “prematuro tardío” (late preterm) para referirse a este subgrupo, reconocemos que esta denominación puede resultar poco afortunada fuera del ámbito técnico: puesto que representan la mayoría de los nacimientos prematuros y presentan desafíos clínicos y de seguimiento específicos.
Lejos de estar exentos de complicaciones, los prematuros de 32-36 semanas presentan más hospitalizaciones, problemas respiratorios, infecciones recurrentes y dificultades de crecimiento. Diversos estudios científicos han identificado un mayor riesgo relativo de presentar secuelas neurológicas y del desarrollo frente al recién nacido a término: retrasos motores, dificultades cognitivas, alteraciones del lenguaje y problemas conductuales que se hacen evidentes en la infancia y persisten hasta la adolescencia y la adultez. La aparente estabilidad clínica al alta no debe confundirse con una garantía de desarrollo sin dificultades; al contrario, se trata de una etapa crítica que exige seguimiento especializado.
Cada semana de gestación cuenta, y cada día de cuidados, y seguimiento también. La evidencia científica ha mostrado que entre las 32 y 40 semanas el cerebro crece hasta un 50% en volumen y el cerebelo triplica su tamaño. Interrumpir ese proceso dentro del útero significa exponer al cerebro en desarrollo a condiciones -hipoxia, infecciones o inflamación– que aumentan la probabilidad de dificultades neurológicas, especialmente en contextos sin seguimiento adecuado.
"La aparente estabilidad clínica al alta no debe confundirse con una garantía de desarrollo sin dificultades; al contrario, se trata de una etapa crítica que exige seguimiento especializado"
Organismos como la European Standards of Care for Newborn Health y la Sociedad Española de Neonatología subrayan que todos los prematuros, incluso los considerados de riesgo intermedio o bajo, deben acceder a un seguimiento interdisciplinar bajo protocolos estandarizados. La continuidad asistencial tras el alta es fundamental, es indispensable que las instituciones hospitalarias garanticen cuidados individualizados durante el ingreso -apoyo en la alimentación, control de la temperatura, estabilidad respiratoria y fortalecimiento del vínculo con la familia- y que ese acompañamiento no termine al cruzar la puerta de salida.
Coordinación de profesionalesLa transición hospital-hogar debe estar respaldada por equipos interdisciplinarios que incluyan Pediatría, Enfermería, Psicología y estimulación temprana, con especial énfasis en la vigilancia del desarrollo neurológico, mediante una coordinación fluida entre equipos hospitalarios, atención primaria y escuelas.
El informe de alta es una herramienta básica donde debería quedar reflejado el riesgo neurológico, los cuidados necesarios de prevención, cuáles son los circuitos claros de derivación, pautas de alarma y acceso a programas de estimulación precoz si fuese necesario.
Frente a este panorama, desde Fundación Nene consideramos indispensable implementar una formación de cuidados a las familias desde el momento del ingreso, aumentando sus conocimientos durante su estancia hospitalaria con un seguimiento clínico estructurado para estos bebés, independientemente de la gravedad de su ingreso. Es fundamental que pediatras y especialistas en Medicina de Familia cuenten con formación sólida en neurodesarrollo. Muchos niños sin complicaciones inmediatas quedan fuera de programas de seguimiento, lo cual resulta preocupante en un periodo de acelerado desarrollo cerebral.
Ante esta evidencia, desde la Fundación NeNe, apoyamos las recomendaciones de la SEN34-36 (grupo de trabajo específico de la Sociedad Española de Neonatología) y de los estándares europeos, que proponen un seguimiento integral hasta al menos los seis años, con evaluaciones periódicas, cribado mediante herramientas como el ASQ-3 y derivación temprana a estimulación precoz. Además, debe garantizarse durante la hospitalización el derecho a cuidados individualizados —alimentación, termorregulación, estabilidad respiratoria y vínculo con los cuidadores— y tras el alta, una transición integral al hogar con apoyo interdisciplinario.
La prematuridad entre las 32 y 36 semanas es una etapa crítica en la que cerebro y cuerpo atraviesan un crecimiento acelerado y actuar con conciencia neurológica y responsabilidad marcará la diferencia entre un futuro con más oportunidades o con más dificultades para miles de niños y sus familias. Este 17 de noviembre renovamos nuestro compromiso con la visibilización, la educación y el apoyo a las familias y profesionales que cuidan de los prematuros de 32 a 36 semanas. Porque cuidarlos en esta etapa es cuidar el futuro de nuestra sociedad.
Off Juan Arnáez. Neonatólogo y presidente de la Fundación NeNe Neurología Medicina Familiar y Comunitaria Pediatría Enfermería Familiar y Comunitaria Off
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