A todos nos falla la salud en algún momento de la vida. Si uno es afortunado, ese trance llega tarde, cuando se han vivido algunas décadas. Pero otras personas conviven desde muy pronto con la enfermedad, bien sea de forma crónica o con procesos agudos de los que unos logran reponerse. A otros, en cambio, no les aguarda un buen desenlace. Es lo que le pasa cada año a las más de 23.000 personas que fallecen en España tras sufrir un ictus, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Se trata de la segunda causa de muerte a nivel mundial y la primera de discapacidad en España y Europa. Quienes sobreviven a estos episodios a menudo cargan con secuelas que condicionan para siempre sus vidas.
Una vez que los médicos salvan la vida eliminando el coágulo (en caso de ictus isquémico) o deteniendo y estabilizando el sangrado (si es hemorrágico), el paciente es enviado a su casa, algo que familias y asociaciones definen como desahucio clínico. La persona que vuelve a casa no es la misma que se fue y, a menudo, se siente abandonada en el momento en que más ayuda necesita para afrontar su rehabilitación. Muchas veces, confinada a una silla de ruedas.
Los sexagenarios Pedro y Jesús han esquivado ese arrinconamiento vital. Pero para conocer sus historias primero hay que conocer la de Manuel, que sufrió un ictus severo. Hace una década, los médicos le dijeron que no volvería a caminar. Su familia, no conforme con aquella sentencia, empezó a buscar alternativas y descubrió el mundo de los exoesqueletos. "Efectivamente, con estos dispositivos mi padre podía caminar. El concepto de caminar no es el que tenemos las personas sanas, tiene que ver con ser capaz de desplazarse de alguna forma", explica su hijo, Iván Martínez.
Los exoesqueletos son extremadamente caros –"en torno a los 100.000 euros"– y resultan menos versátiles de lo deseable. Pueden pesar más de 20 kilos y están pensados para rehabilitación en entornos clínicos bajo supervisión médica. "Nosotros queríamos un equipo para el día a día de mi padre, que no iba a volver al hospital y que iba a estar el resto de su vida en una silla de ruedas", explica Martínez. Aunque no se dedicaba a ello, es ingeniero de formación. Así que empezó a investigar y a desarrollar en sus ratos libres, durante varios años, un dispositivo a medida para su padre.
Jesús Mendiburu Nadal, paciente de ictus durante la rehabilitación con el prototipo de exoesqueleto AWAKE. Foto: ARABA PRESS
Manuel falleció por covid en 2020, pero su hijo no abandonó el proyecto. Al revés. Primero se cruzó con Dionís Guzmán, director de una escuela de negocios especializada en formación digital y coordinador de un programa para directivos al que se apuntó Martínez. Éste le mostró su diseño y tocó la fibra sensible de Guzmán, cuya madre había sufrido un infarto cerebral que le había dejado secuelas idénticas a las de Manuel. "Me parecía que estaba haciendo algo muy bonito por su padre y su memoria, y me sentí muy identificado", confiesa Guzmán. Lo siguiente que hicieron fue moverlo en círculos healthtech (tecnología sanitaria). Así llegaron hasta Marc Serra, con años de experiencia en el sector. Decidieron que, aunque el padre de Martínez ya no podría beneficiarse de la tecnología que estaban desarrollado, hay millones de personas confinadas en su casa tras sufrir un ictus a los que sí podrían ayudar.
Juntos fundaron Robopedics en 2021. Varios años y rondas de financiación después –incluidos los más de 600.000 euros aportados en 2026 por el Ministerio para la Transformación Digital a través de los fondos europeos Next Generation–, están en pleno ensayo clínico del dispositivo bautizado como Awake (Despertar, en inglés). Su reto más inmediato es lograr la certificación europea (el Marcado CE) que les permita comercializarlo. Algo que confían en conseguir a finales de este año.
Awake es un sistema biónico avanzado para la marcha que no tiene equivalente a nivel mundial. Lo más parecido que existe en el mercado sería un exoesqueleto, pero al dispositivo de Robopedics no se le puede llamar así. "De la misma forma que si a un coche le quitas dos ruedas no tienes una moto", aclara gráficamente Guzmán. Un exoesqueleto es un armazón pesado y bilateral –para las dos piernas– diseñado para sustituir la marcha en lesiones medulares como la paraplejia. Al tratarse de dos piernas mecánicas, siempre hay una estructura apoyada en el suelo que soporta el peso y las inercias. Su software sabe dónde están ambas piernas. En cambio, Awake es una pierna robótica o exopierna ligera (pesa entre 6 y 6,5 kilos) que se coloca en el miembro afectado –hay modelos para pierna izquierda y para pierna derecha–, dejando libre la extremidad sana, que es la que llevará un patrón de marcha natural.
Un dispositivo robótico parece facilitar la recuperación neuromuscular en AME, Investigadores españoles presentan un exoesqueleto que puede usarse fuera del hospital, La robótica maximiza resultados en trastornos neurológicos que afectan a la deambulación La complejidad radica en coordinar esa extremidad sana con la robótica ya que, al caminar, en algunos momentos, el dispositivo se queda en el aire y n Este dispositivo, que apenas supera los seis kilos, trabaja para reentrenar el cerebro y evitar la dependencia de la silla de ruedas en pacientes con accidente cerebrovascular. Off Rocío R. García-Abadillo Off
Encabezamiento de la carta enviada por Sanidad al Comité de Huelga.
Isabel Pineros, directora del Departamento de Prestación Farmacéutica y Acceso de Farmaindustria. Foto: FARMAINDUSTRIA
Robert Aramayo, interpretando a John Davidson ante la Reina de Inglaterra. Foto: SELECTA VISIÓN.
El Hospital de la Santa Creu y Santa Pau de Barcelona es un centro de referencia internacional y pionero en técnicas de Estimulación Cerebral Profunda (ECP o DBS). Foto: HOSPITAL DE LA SANTA CREU.
Miguel Vega, director general de Sigre. Foto: SIGRE.