Fernando Navarro
Fernando Navarro
Lun, 20/12/2021 - 12:48
Vocablos novedosos

Actualización 23.5 del 'Diccionario de la lengua española', en su versión en lÃnea.
Mientras esperamos la anunciada y revolucionaria vigesimocuarta edición del Diccionario de la lengua española ―prevista para el año 2026―, la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) siguen actualizando poquito a poco la edición vigente, lo cual es una excelente noticia para todos cuantos hablamos español. El jueves pasado, la lexicógrafa y académica Paz Battaner presentó en rueda de prensa desde Madrid ―con transmisión telemática en directo por YouTube y Twitter― la quinta lista de novedades incorporadas a la vigesimotercera edición del diccionario académico (versión electrónica 23.5), que recopila el trabajo lexicográfico desarrollado por la RAE durante el año a punto de expirar.
Son en total 3 836 novedades, pero la mayorÃa de ellas pasarán inadvertidas a la gran parte de los hablantes, por corresponder a marcas lexicográficas, enmiendas de la etimologÃa o enmiendas de una definición ya existente. Las marcas temáticas y semasiológicas, de hecho, ni siquiera son visibles en la versión actual de consulta en lÃnea (confiamos en que sà lo serán cuando se publique la vigesimocuarta edición). Incorporan un paréntesis etimológico ampliado, mejorado o actualizado voces como ‘alcohol’, ‘burbuja’, ‘capricho’, ‘emolumento’, ‘guillotina’, ‘horchata’, ‘linchar’, ‘ruiseñor’, ‘tiramisú’, ‘vinagre’; si hasta diciembre de 2021 la etimologÃa de alcohol decÃa apenas «del árabe hispánico kuḥúl, y este del árabe clásico kuḥl», ahora ha pasado a decir «del latÃn medieval alcohol 'galena', 'polvo de antimonio para maquillarse los ojos', 'polvo o lÃquido obtenido por sublimación', 'alcohol', este del árabe hispánico al-kuḥúl 'kohl a base de polvos de galena o de antimonio', y este del árabe clásico kuḥl». Y como ejemplo de enmienda de una definición ya existente, puede ser interesante mencionar la de ‘hisopo’, que hasta diciembre de 2021 rezaba «palillo recubierto de algodón en sus puntas, usado para la higiene personal», y ahora, tras casi dos años de pandemia, ha pasado a decir «palillo recubierto de algodón en sus puntas, usado para la higiene personal para tomar muestras biológicas de una parte del cuerpo».
La pandemia covidiana está asimismo en el origen de las nuevas acepciones incorporadas a palabras como ‘cribado’ y ‘triaje’. Me explico: estas dos palabras estaban ya incluidas en el diccionario académico, pero con sentidos generales sin relación con la medicina. Desde el jueves pasado, cribado añade dos nuevas acepciones: «examen médico efectuado a una persona para detectar una o varias enfermedades» y «examen médico efectuado a un conjunto de personas para determinar la frecuencia de una enfermedad»; triaje, dos nuevas acepciones también: «clasificación de los pacientes según el tipo y gravedad de su dolencia o lesión, para establecer el orden y el lugar en que deben ser atendidos» y «lugar donde se realiza el triaje». Junto a ellas, encontramos también muchas otras palabras ya recogidas en el diccionario de la RAE, pero que ahora incorporan nuevos sentidos o acepciones: ADN o gen (usados en sentido metafórico: «el optimismo forma parte de su ADN»), apnea (como modalidad deportiva), audio (como archivo de sonido o mensaje sonoro), bizarro (en el sentido de «raro, extravagante o fuera de lo común»), cobra (movimiento de retirar la cara para evitar un beso no deseado), concertina (espiral de alambre de púas o cuchillas), empanado (despistado, distraÃdo, aturdido o confuso), epicentro (punto de origen o de máxima concentración), mantero (persona que vende en la calle de manera ilegal), ñáñara (llaga o erupción en la piel, en el Caribe), pope (persona de gran poder e influencia), saga (literaria o cinematográfica), sentadilla (ejercicio que consiste en flexionar las piernas bajando el cuerpo recto hasta quedar en cuclillas), tertulia (de radio o televisión).
En cada actualización, lo que más expectación genera siempre es la lista de entradas nuevas; esto es, palabras que hasta ese momento no estaban admitidas por la RAE ―«no existÃan», dicen algunos― y llegan por primera vez al diccionario. Destaca el aluvión de voces nuevas que nos traen de modo constante las nuevas tecnologÃas digitales: bÃo, bitcóin, bot, ciberacoso, ciberdelincuencia, compartir (en redes sociales), cortapega, criptomoneda, hablar (por chat), intro, mensaje de voz, netiqueta, pincho (USB), redireccionar, seminario web (o webinario). Pero no solo; encontramos también novedades de muchos otros campos: antropoceno, biatleta, crudités, eurozona, finalÃsima, gentrificación, geolocalización, heptatlón, invisibilizar, ludificación, microalga, muac, narcocorrido, obispa, perimetrar, prepago, procrastinador, retro, supremacismo, videoportero.
Cuando hablo de novedades incorporadas al Diccionario de la lengua española, no solo me refiero a palabras sueltas, sino también a formas complejas como amigo invisible, banco de alimentos, exclusión social, fondo buitre, llave en mano, lluvia de ideas, muñeca rusa, patio de luces, punto limpio, tirón de orejas, tormenta de arena y vinagre balsámico.
Dentro de estas novedades recién aterrizadas en el diccionario, algunas están poco o nada oÃdas en mi lado del charco, por corresponder a americanismos (amesetamiento, buseca, chilero, fainá, ñangal, ñanguñao, pichar, quejadera, salvada, sambar, teletón, tormenta platanera, trincheta, valemadrismo); otras están poco o nada oÃdas en el lado de allá, por corresponder a españolismos (chuche, churretón, eurofán, friegasuelos, ojiplático, panga, pifostio, quedada, sanjacobo, sindiós, quedar dos telediarios, tinto de verano, top manta), cuando no a regionalismos (como es el caso del cachopo asturiano, del paparajote murciano o del rebujito andaluz). Y alguna hay que entra con doble acepción europea y americana; es el caso de metrobús, que en España ―o más bien en Madrid― es «tarjeta que autoriza al portador para un cierto número de viajes en metro y autobús», mientras que en América es «autobús urbano que transita por una vÃa exclusiva».
Por segundo año consecutivo, la covid-19 y su virus causal SARS-CoV-2 siguen actuando como potentes estimulantes de las tareas lexicográficas de la RAE. Recordarán quizá que en 2020 llegaron al diccionario académico buen número de tecnicismos relacionados con la pandemia (bioseguridad, coronavirus y coronavÃrico, COVID, cuarentenar, cuarentenear y encuarentenar, desconfinar y desconfinamiento, desescalada, infectologÃa, seroconversión y seroprevalencia). Pues bien, este año se suman a ellas burbuja social, careta (protectora), cribado, cubrebocas, distanciamiento social (o distanciamiento fÃsico), hisopado, máscara protectora (o máscara sanitaria), nasobuco, nueva normalidad, pantalla facial (o pantalla protectora), toallita (y toallita húmeda), triaje, vacunologÃa y vacunólogo.
Otros términos recién incorporados al diccionario de la RAE y de amplio uso en medicina son cigarrillo electrónico, cisexual, cisgénero, copago, fotodepilación, liposoluble, motricidad fina y motricidad gruesa, ortesis (u órtesis), pansexualidad, poliamor, transgénero, urgenciólogo (o emergenciólogo) y vapear (junto a sus derivados vapeador y vapeo). Entran también quinoa y quÃnoa; hasta ahora, la RAE únicamente admitÃa la variante ‘quinua’ (la más usada en Bolivia y Perú, principales productores mundiales de quinua), pero desde el pasado jueves ha pasado a recomendar ‘quinoa’, que es la forma habitual en Madrid, sede de la RAE. Entran también ahora en el diccionario, con años de retraso, una decena de elementos quÃmicos bautizados en el siglo XXI: copernicio, darmstatio, flerovio, livermorio, moscovio, nihonio, oganesón, roentgenio, seaborgio y teneso.
¿Teneso o téneso? Si tenemos en cuenta que este nombre quÃmico se acuñó el 8 de junio de 2016 en homenaje al estado de Tennessee (que en español se pronuncia /ténesi/, voz esdrújula; en inglés tiene pronunciación aguda cuando figura como sustantivo aislado, pero esdrújula cuando figura en función atributiva o adjetival), para mà es claro que en español deberÃamos decir y escribir téneso, con tilde. La RAE, en mi opinión, yerra.
Yerra también, creo, en la definición que da de ‘sanjacobo’: «plato preparado con dos lonchas de jamón cocido o dos filetes finos entre los que se coloca queso y luego se rebozan y se frÃen». Para mÃ, como para todos los diccionarios y glosarios gastronómicos anteriores al año 2010 que conozco, el sanjacobo se prepara con dos filetes de ternera rebozados y fritos, con relleno de jamón serrano y queso; esto es, lo que en el lenguaje gastronómico internacional es cordon bleu y solo en Asturias ‘cachopo’ (nombre generalizado en el resto de España con el auge del cachopo asturiano como uno de los fenómenos gastronómicos más espectaculares de los quince últimos años). No se entiende bien por qué la RAE solo da por buena la receta del moderno sanjacobo de baratillo y no la receta clásica de nuestro gran sanjacobo tradicional.
Pocos geólogos estarán conformes también con la definición de Antropoceno que da la RAE: «[época geológica] más reciente del perÃodo cuaternario, abarca desde mediados del siglo XX hasta nuestros dÃas […]». Dejando a un lado el hecho de que tal época geológica no está admitida aún por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas, entre sus defensores son minorÃa los que la hacen comenzar a mediados del siglo XX. La mayorÃa consideran que se inicia a finales del siglo XIX, con el comienzo de la Revolución Industrial, o incluso que, de existir, serÃa sinónimo de Holoceno (esto es, que se remontarÃa al nacimiento de la agricultura allá por el año 10 000 a. de C., siglo arriba o abajo).
Una vez más, no están nada claros los criterios que sigue la RAE para dar entrada a unas palabras sà y a otras no. ¿Por qué han entrado ahora las acepciones informáticas de ‘cortar’, ‘pegar’ y ‘cortapegar’, pero no las de ‘copiar’ ni ‘copipegar’? ¿Por qué podemos tuitear y chatear, pero todavÃa no guglear, guasapear ni instagramear? ¿Por qué entran este año ciberacoso, cisexual, crudités, geolocalizar, panga, pifostio, top manta y visibilizar, pero no ciberataque, transfobia, panetone, teletrabajar, macadamia, hostiar, batamanta ni legitimizar?
Tampoco están claros los criterios por los que unos anglicismos entran y otros no, o por qué en unos casos se prefiere el término castellanizado al anglicismo y en otros es justamente al revés. Entre las novedades recién incorporadas, por ejemplo, ¿por qué se solo se admite el color ‘cámel’, pero no el color ‘camello’ (también usado), y en cambio solo se admite ‘ciberdelito’, pero no el anglicismo ‘cibercrimen’ (también usado)?; ¿por qué se dan por buenos los anglicismos ‘gentrificación’ (del inglés gentry, familias bien) y ‘netiqueta’ (del inglés Net, internet, y etiquette, etiqueta o normas de comportamiento), pero no ‘gamificación’ (del inglés game, juego); ¿por qué, en fin, se admiten simultáneamente las formas ‘seminario web’ (preferida) y ‘webinario’, pero no ‘ciberseminario’ ni tampoco ‘webinar’?
Nunca llueve a gusto de todos, en fin, y sé bien que no es nada fácil compilar un diccionario de la lengua general que satisfaga a todos. Doy la enhorabuena, pues, al Instituto de LexicografÃa de la RAE y a los académicos de la española y de la Asale por la labor desarrollada este año de pandemia.ðŸ‘ðŸ½ðŸ‘ðŸ½ðŸ‘ðŸ½
Fernando A. Navarro
El jueves pasado, la RAE presentó las novedades incorporadas a la versión electrónica 23.5 del diccionario académico durante el año 2021.
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