PediatrÃa
gemasuarez
Mar, 06/07/2021 - 12:22
Proyecto Sendo

El consumo de ultraprocesados se calculó mediante cuestionarios semicuantitativos de frecuencia de consumo de alimentos, que se agruparon según la clasificación NOVA.
Un equipo multidisciplinar de pediatras e investigadores han confirmado que existe una asociación directa entre el consumo de productos ultraprocesados y la prevalencia de enfermedades respiratorias sibilantes en niños, entre ellas, asma y bronquitis o sibilancias de repetición.
El trabajo, que se ha publicado en Anales de PediatrÃa, forma parte del proyecto Sendo (Seguimiento del Niño para un Desarrollo Óptimo), un estudio de investigación que tiene como objetivo analizar el efecto de la dieta y los estilos de vida sobre la salud del niño y del adolescente. Este proyecto nació en 2015 en el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, pero en 2018 se expandieron y, a dÃa de hoy, es de ámbito nacional.Â
La investigación en cuestió se hizo sobre una cohorte abierta, multidisciplinar y multipropósito de niños españoles. El consumo de ultraprocesados se calculó mediante cuestionarios semicuantitativos de frecuencia de consumo de alimentos, que se agruparon según la clasificación NOVA, desarrollada por el Centro de Estudios Epidemiológicos en Salud y Nutrición de la Universidad de São Paulo (Brasil), y que ordena los alimentos en cuatro grupos en función de su grado de procesamiento: el grupo 1 engloba los alimentos no procesados ​​o mÃnimamente procesados; el 2, los ingredientes culinarios procesados; el 3, alimentos procesados, generalmente mediante la adición de azúcar, aceite o sal a los alimentos del grupo 1, y el 4 está formado por alimentos ultraprocesados, incluido el procesamiento industrial y el uso de antioxidantes sintéticos, estabilizantes y conservantes.
En total analizaron 149 alimentos, organizados en diez categorÃas (lácteos; huevos, carne y pescado; verduras; frutas; cereales y legumbres; aceites y grasas; confiterÃa y aperitivos salados; productos horneados; bebidas y miscelánea). Y se estimó el consumo diario y el porcentaje de kilocalorÃas procedentes de los ultraprocesados. Además, los autores dividieron la exposición en alta y baja a partir de la mediana de consumo.
Para llevarlo a cabo se sirvieron de una muestra de 513 niños (51,8% varones, edad media de 5,2 años) y se observó que el consumo medio de ultraprocesados fue de 446,76 g/dÃa, lo que supone un 39,9% de la ingesta calórica total. Más concretamente, el 88,3% de los participantes consumió más del 30% de la ingesta energética total en forma de productos ultraprocesados y el 16,2% consumió más del 50%. A juicio de los firmantes del trabajo, "el consumo energético medio de los participantes se encuentra por encima del rango de normalidad establecido para ese grupo de edad, sin embargo, no se trata de una población obesa y el consumo de ultraprocesados es similar al referido en poblaciones pediátricas de paÃses en vÃas de desarrollo".Â
En cuanto a las enfermedades respiratorias, de los 513 niños, el 20% informaron haber recibido un diagnóstico de sibilancias por parte de un médico, incluidos 40 casos de asma (7,8%) y 64 (12,5%) de sibilancias/bronquitis recurrentes. El 9,7% afirmaron haber estado expuesto al humo del tabaco; el 3,2% tenÃa antecedentes familiares de asma o alergia, y el 4,5% antecedentes personales de parto prematuro.Â
"Los niños con un mayor consumo de alimentos ultraprocesados eran significativamente mayores, referÃan un mayor consumo energético total y estaban más expuestos al humo de tabaco", aseveran los investigadores.
Los resultados apuntan que un mayor consumo de estos productos multiplicaba por 1,81 la probabilidad de padecer enfermedades respiratorias sibilantes en la edad pediátrica, utilizando como referencia la categorÃa de bajo consumo. Al estudiar las enfermedades respiratorias sibilantes por separado, encontramos que un mayor consumo multiplicaba por 2,12 la probabilidad de presentar bronquitis/sibilancias de repetición (incluyendo casos de bronquitis de repetición, sibilancias recurrentes y sÃndrome de obstrucción bronquial recurrente), y multiplicaba por 1,4 la probabilidad de tener asma.
Antecedentes
Como explican los autores, "existe evidencia de que el consumo de alimentos ultraprocesados en la población adulta se asocia con diversas enfermedades, como hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, obesidad o depresión asà como un aumento de la mortalidad por todas las causas".
En cuanto a las enfermedades respiratorias, dicen que el consumo de ultraprocesados se asocia con una mayor prevalencia de asma y otras patologÃas respiratorias en la adolescencia y la edad adulta; es más, su ingesta durante el embarazo se asocia con el desarrollo posterior de sibilancias en el niño.  "Sin embargo -prosiguen- pocos estudios han analizado el consumo de ultraprocesados y su asociación con enfermedades respiratorias en la infancia".Â
En la publicación recuerdan que un estudio con adolescentes brasileños reportó datos similares, demostrando que el consumo de ultraprocesados se asociaba con la presencia de asma y sibilancias, con un gradiente dosis-respuesta de 1,27 para asma y de 1,42, para sibilancias. "En nuestro estudio, los datos orientan a la misma asociación y similar magnitud de asociación en las bronquitis/sibilancias de repetición".
Como conclusión, consideran que, "dada la elevada prevalencia de las enfermedades respiratorias en la edad pediátrica y el aumento de su incidencia en los últimos años, es importante estudiar bien los posibles factores etiológicos para poder establecer estrategias preventivas y eficaces". Y añaden que son necesarios nuevos estudios prospectivos "que evalúen a largo plazo esta asociación encontrada entre el consumo de ultraprocesados y el desarrollo y la evolución posterior de las enfermedades respiratorias".
Valoraciones
Nancy Babio, presidenta del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Cataluña, considera que éste es "un interesante estudio que añade más evidencia a la relación que tiene los alimentos ultraprocesados sobre nuestra salud, y en especial en este caso a la salud de los niños". Y hace un matiz: "Es importante destacar que este estudio es transversal, es decir, nos muestra una relación, pero no nos indica causa-efecto. No obstante, no serÃa ético someter a la población para demostrar que los alimentos ultraprocesados son dañinos para nuestra salud y de nuestros niños, ya que existen un cuerpo de evidencia observacional robusta que nos indica que el mayor consumo de este tipo de alimentos se asocia con diversos consecuencias sobre nuestra salud".
Babio trae a colación otras investigaciones realizadas en este campo y destaca que la asociación entre el consumo de ultraprocesados y mortalidad por todas las causas se ha evaluado recientemente en diferentes estudios longitudinales realizados sobre la población
francesa de la cohorte NutriNet-Santé, estadounidense de la cohorte NHANES y española de las cohortes del estudio SUN y ENRICA. "En todos el consumo de alimentos ultraprocesados se asoció con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas. Además, en el estudio ENRICA, la sustitución isocalórica de los ultraprocesados por alimentos no procesados o mÃnimamente procesados se asoció con una disminución significativa no lineal de la mortalidad por todas las causas".
Según la experta, "la población española en general se ha alejado del patrón de la dieta mediterránea, adoptando una menos saludable, especialmente entre los y niños y adolescentes, por ejemplo, con un consumo medio diario de 1,2 raciones de frutas y verduras al dÃa, muy por debajo de las cinco raciones recomendadas, siendo los adolescentes españoles los que presentan el consumo diario de vegetales más bajo de Europa. Todo ello hace pensar que el consumo de alimentos ultraprocesados continuará aumentando en los próximos años".Â
Y aporta datos. Según su información, el consumo de ultraprocesados de acuerdo a criterios NOVA, en España, "se ha triplicado, pasando del 11% en el año 1990 al 31.7% en el 2010. Según los datos de la cohorte poblacional de 11.898 individuos (edad media 46,9 años y 50,5% mujeres) del estudio Enrica, el consumo de alimentos ultraprocesados definido por el criterio NOVA fue del 24,4% del total de energÃa de la dieta (consumo promedio de 385 g/dÃa).
En la población infantil disponemos de datos de consumo de alimentos procesados a partir del Estudio Infancia y Medio Ambiente (INMA), que estima está alrededor de 10 raciones/dÃa de alimentos ultraprocesados. "El consumo de alimentos ultraprocesados -detalla- se estimó en preescolares de la cohorte del estudio INMA de tres regiones españolas: Gipuzkoa, Sabadell y Valencia. El porcentaje de contribución a la ingesta alimentos ultraprocesados en esta población infantil fue procedentes principalmente del grupo de confiterÃa y dulces, cereales y pastas, lácteos y comidas y salsas preparadas.
Con esta situación de partida señala que "consumir algún alimento ultraprocesado de tanto en tanto afectará siempre y cuando la alimentación en general sea saludable; es decir, asà como comer una fruta o una ensalada de tanto en tanto no me mejorará la salud, un alimento ultraprocesado no afectará si llevo una alimentación saludable. Lo importante son los hábitos alimentarios en general. Pero está claro, que este tipo de alimentos deben limitarse y en todo caso consumirse muy ocasionalmente".
Pero, ¿qué se considera alimento ultraprocesado? "Los del sistema NOVA, autores del término ultraprocesados -responde la nutricionista-, los describen como aquellos que incluyen frecuentemente en su formulación uno o más de los siguientes nutrientes: azúcares, sal, aceites y/o grasas, almidones, etc.; u otros ingredientes derivados de procesos industriales, tales como la hidrogenación de las grasas o la hidrólisis de proteÃnas. Además, en general, este alto grado de procesamiento tiene como objetivo obtener productos listos para el consumo que pueden sustituir a otros alimentos no procesados o mÃnimamente procesados y frente a los que pueden resultar más atractivos para el consumidor por sus caracterÃsticas organolépticas".
Además, recuerda que han sido modificados para que sean más apetecibles y que desde el punto de vista nutricional tengan una densidad nutricional baja. "De manera general -continúa-, los alimentos ultraprocesados frecuentemente tienen una peor calidad nutricional que los alimentos no procesados o mÃnimamente procesados. Y, además, algunos de ellos son más pobres en fibra. Además, suelen ser ricos en grasas (en general no de buena calidad), energÃa, sal o azúcares. Los alimentos altamente procesados también pueden contener una amplia gama de aditivos alimentarios. El procesamiento de alimentos, y particularmente los tratamientos térmicos, también producen contaminantes neoformados, como la acrilamida en las patatas fritas, galletas, pan o café, y la acroleÃna en salchichas a la parrilla y caramelos".
Por otra parte, los que son altamente procesados "pueden estar contaminados por materiales de contacto (aquellos sospechosos de migrar del envase), entre los que se encuentra el bisfenol A en algunos envases de plástico, considerado por la Agencia Europea de Sustancias QuÃmicas como "una sustancia muy preocupante".Â
Y otro aspecto importante: los ultraprocesados "tienden a exhibir texturas (suave, friable, viscoso, semisólido, lÃquido) que exigen menor masticación y, por lo tanto, potencialmente tienden a producir menos saciedad. En este sentido afirma que la hiperpalatabilidad (condicionada por la textura, la composición nutricional y el uso de ingredientes/aditivos) se ha sugerido como una de las causas más importantes de consumo excesivo de energÃa (calorÃas), sal, azúcar, grasas, lo que condicionarÃa para un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas no transmisibles a largo plazo.
El estudio que analiza el efecto de la dieta y los estilos de vida sobre la salud del niño y del adolescente, se ha realizado con una muestra de más de 500 niños españoles.
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Gema Suárez Mellado
Investigación
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