
El Premio Lasker-DeBakey de Investigación Médica Clínica 2024 reconoce a los investigadores Joel Habener, Svetlana Mojsov y Lotte Bjerre Knudsen por sus logros científicos, que han permitido el descubrimiento y desarrollo de los agonistas del receptor del péptido-1 similar al glucagón (GLP-1), la familia de medicamentos que han revolucionado el tratamiento de la obesidad.
El galardón, considerado la antesala del Nobel de Medicina, recae este año en el endocrinólogo del Hospital General de Massachusetts Joel Habener (Estados Unidos, 1937); la catedrática de Bioquímica de la Universidad Rockefeller Svetlana Mojsov (Skopie, hoy Macedonia del Norte, 1947), y la investigadora de Novo Nordisk Lotte Knudsen (Dinamarca, 1964).
Los trabajos desarrollados por Habener y Mojsov dieron pie a la identificación y caracterización del péptido GLP-1 (glucagon-like peptide). Ambos fueron reconocidos con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2024. Knudsen hizo posible el desarrollo de liraglutida, el primer medicamento con GLP-1 aprobado para una indicación de pérdida de peso.
'Una nueva era en el control del peso'“En todo el mundo, casi 900 millones de adultos padecen obesidad”, escriben en el comunicado que anuncia a los ganadores desde la Fundación Lasker. “Los kilos de más son la causa de múltiples enfermedades potencialmente mortales. La obesidad suele considerarse un fracaso de la fuerza de voluntad, pero para muchos la dieta y el ejercicio no curan el problema. Históricamente, los intentos de fabricar fármacos seguros y eficaces que ayuden a adelgazar se han quedado cortos. Habener, Mojsov y Knudsen han introducido una nueva era de control del peso en la que los fármacos basados en GLP-1 prometen mejorar espectacularmente la salud”.
La historia de este descubrimiento comienza a mediados de los años setenta, cuando el endocrinólogo Habener instaló su laboratorio en el Hospital General de Massachusetts para centrarse en la investigación en diabetes. Si bien se trata mediante la administración de insulina, no se descartan tácticas alternativas; era sabido que la hormona pancreática glucagón, que se había descubierto en 1923, eleva las concentraciones de azúcar en sangre, por lo que también se consideró su inhibición como un potencial beneficio para las personas diabéticas.
Un péptido parecido al glucagónHabener decidió utilizar las nuevas herramientas de la biología molecular y aislar al gen que lo codifica. En 1982, Habener informó de que el gen del glucagón de los peces codifica una proteína precursora prevista que contiene glucagón y, además, un segundo péptido parecido al glucagón. De esta forma se identificó el péptido-1 similar al glucagón (GLP-1).
Por aquel entonces, la química Svetlana Mojsov, de la Universidad Rockefeller, también estudiaba minuciosamente la estructura del glucagón, como parte de su trabajo de posgrado y luego como becaria posdoctoral e investigadora.
En 1983, Mojsov se trasladó al Hospital General de Massachusetts como directora de sus instalaciones de síntesis de péptidos, ya por entonces con un amplio bagaje sobre el GLP-1. El péptido le intrigaba en parte porque pensaba que podría llenar un vacío: a principios del siglo XX, los científicos propusieron que las sustancias del intestino estimulaban al páncreas a producir hormonas. Las pruebas sólidas de estas incretinas aparecieron en 1964, cuando los investigadores demostraron que la glucosa ingerida provoca más liberación de insulina que la inyectada.
Por ello concluyeron que había algo en el intestino que provocaba la secreción de insulina. Hasta entonces no se habían identificado las incretinas, y el GLP-1, un péptido desconocido hasta entonces que se parece a una hormona (el glucagón) conocida por su influencia en los niveles de azúcar en sangre, se perfiló como candidato.
Tras una serie de experimentos sobre diferentes formas del GLP-1, los grupos de Mojsov y de Habener constataron en 1986 la existencia de una forma truncada del GLP-1 -GLP-1(7-37)- que se encontraba, en particular, en el intestino.
Estimulación de la insulinaPoco después, en 1987, Mojsov y Habener se asociaron con Gordon Weir (del Centro Joslin de Diabetes) y demostraron que concentraciones minúsculas de GLP-1 puro (7-37), como las existentes en el torrente sanguíneo, estimulan la secreción de insulina a partir de páncreas aislados de ratas que siguen funcionando incluso cuando se extraen del organismo. La forma más larga permanece inerte incluso a concentraciones 10.000 veces superiores. Esas observaciones revelaron que el GLP-1 (7-37), en lo sucesivo denominado GLP-1, es el péptido fisiológicamente relevante.
El hallazgo pasó entonces a estudios en humanos. Los investigadores, junto a David Nathan (Hospital General de Massachusetts), determinaron que el GLP-1 estimula la liberación de insulina y reduce los niveles de glucosa en sangre. Esta publicación de 1992 demostró que la hormona podía sentar las bases de un fármaco seguro contra la diabetes, y varias empresas, entre ellas Novo Nordisk, AstraZeneca, Eli Lilly y GSK, se interesaron por la idea. Pronto se ampliaría el potencial del GLP-1.
Premio Princesa de Asturias a los científicos que 'idearon' los nuevos fármacos para la obesidad , Los GLP-1 orales, el próximo gran hito en la batalla contra la obesidad, Los análogos GLP-1, los fármacos contra el alzhéimer y las vacunas contra la malaria, los hitos científicos de 2023 Es entonces cuando comienza la carrera por el desarrollo terapéutico del GLP-1. En Novo Nordisk, Knudsen se fijó en un artículo de Stephen Bloom (Hosp Los científicos Joel Habener, Svetlana Mojsov y Lotte Bjerre Knudsen son reconocidos con los Premios Lasker por sus investigaciones sobre la hormona GLP-1. Off S. Moreno Investigación Off
































En la Farmacia Mª Planells Ramón, de Ibiza, se aprecian en la fachada las letras corpóreas. Foto: EXPOFARM.


































































