"Quien tiene magia no necesita trucos". Cuando empecé con la lucha contra las pseudociencias estaba bastante de moda el Reiki, al que siempre llamo "el air guitar de las pseudoterapias", un rebranding de lo que venía siendo la ya defenestrada curación por imposición de manos.
O eso pensaba yo, que estaba ya defenestrada. Pensaba que la imposición de manos quedaba para los shows estadounidenses de carpas de circo con misas musicadas por gospels entusiastas y pastores que deberían llamarse más bien lobos.
Como en tantas otras ocasiones, me equivocaba. Comenzando por el desembarco pentecostal o evangelista de las últimas décadas en nuestro país, que ha hecho crecer en un orden de magnitud la cantidad de seguidores de este tipo de culto y cuya profusión está estrechamente relacionado con tejemanejes en las altas esferas (imagino que todos habrán visto a estas alturas las fotos de Trump siendo loado en el Despacho Oval rodeado de pastores). Estos grupos ya conllevan ese show de sanación vicaria en la que cualquier cabecilla de iglesia puede arrogarse decir, literalmente, A mí Dios me ha utilizado para sanar a otros. Supongo que, así, si algo sale mal, siempre le puede echar las culpas a instancias superiores. La curación por rezos es algo que volví a escuchar durante la pandemia.
Pero ahora parece que resurgen los carismáticos. Preguntando a conocedores del mismo, me cuentan que este grupo, al que se dice que el Papa Francisco pertenecía, tiene mucho peso en el Vaticano, recibiendo una posición muy ambivalente por parte de la Iglesia Católica: por un lado, llenan iglesias; por otro, el peligro de culto a la persona (al sacerdote, en este caso) es enorme. Sus misas duran horas, y se parecen bastante a los servicios evangélicos. Y en el terreno que nos ocupa, captan gente que está enferma o pasando una mala racha, y le dan apoyo; cuando se descuidan, ya están asignados a un grupo de oración o grupo Alpha.
También me explican que estas congregaciones son herméticas: o conoces a alguien dentro, o no te enteras, y basan parte de su marketing en eso: te invitan a una misa, celebrada, por ejemplo, en una catedral y, si eres creyente, no sospechas de nada raro. Solo más adelante ves que son muy fundamentalistas (por ejemplo, para ellos el yoga es pecado) y tienden a no relacionarse socialmente con gente que no es carismática.
Hace unas semanas, me llegó un caso de la Comunidad Valenciana. Como de costumbre, alguien preocupado por un familiar vulnerable. Gente con enfermedades graves, como el cáncer. La persona en cuestión llevaba varios meses enferma y recibió de un allegado la típica propuesta pseudocientífica aleatoria, que en este caso consistía en acudir a una iglesia cercana, donde se decía que el cura hacía milagros. Una persona en una situación normal, levantaría la ceja. Pero, cuando lo que te pasa es muy grave, tú o tu propio entorno familiar puede comenzar a presionar para que no te dejes ninguna opción por explorar, por absurda que parezca. Además, el allegado apostilló que "no era nada raro, que era una misa de una iglesia cristiana que hacían por las tardes de un jueves de cada dos semanas".
Pseudociencia, el lado oscuro. Cuando despertó, la NMG seguía allí, Pseudociencia, el Lado Oscuro: Incendios, Pseudociencia, el lado oscuro: Politoxicomanía Pero la misa traía uno de estos espectáculos de mitad de partido. Según sus palabras, "la gente se ponía en línea, y el cura les tocaba la cabeza, emp Off Emilio Molina. Vicepresidente de la Apetp Off