La carrera global por la inteligencia artificial suele medirse en modelos cada vez más complejos, en volúmenes crecientes de inversión o en la capacidad de computación. Pero ese enfoque resulta, en el fondo, incompleto. El verdadero liderazgo tecnológico no se decidirá únicamente en los laboratorios, sino en la capacidad de transformar sectores críticos y generar resultados tangibles en la vida de las personas. Y en ese terreno, Europa tiene una oportunidad excepcional: la sanidad.
Los sistemas sanitarios europeos se encuentran en un punto de inflexión. El envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas, la escasez de profesionales y la presión sostenida sobre los servicios públicos no son desafíos coyunturales, sino estructurales. Resolverlos exige algo más que ajustes incrementales: requiere una nueva forma de entender la prestación asistencial. Aquí es donde la inteligencia artificial puede marcar la diferencia. Pero la clave no está simplemente en incorporar tecnología, sino en utilizarla para rediseñar el sistema: hacerlo más conectado, más interoperable y, sobre todo, más centrado en las personas.
Antonio Martos. Director global de Sanidad en Minsait (Indra Group),
Europa no parte de cero. Al contrario, cuenta con una base sólida sobre la que construir. El estudio de 2025 sobre indicadores de salud digital de la Comisión Europea muestra que los 27 Estados miembros alcanzaron en 2024 una puntuación media del 83%, lo que supone un avance significativo respecto al año anterior. Detrás de ese dato hay progresos reales: mejor acceso a la información clínica, mayores niveles de interoperabilidad y avances en la seguridad del dato. Es cierto que persisten diferencias entre países, pero la tendencia es inequívoca: Europa está avanzando hacia un ecosistema sanitario más integrado y preparado para aprovechar el potencial de los datos y la inteligencia artificial.
Este proceso no es solo una evolución tecnológica, sino una oportunidad estratégica. La transformación de la sanidad es uno de los pocos ámbitos donde convergen capacidades que Europa domina: conocimiento clínico de alta calidad, sistemas públicos robustos, confianza ciudadana y una creciente coordinación institucional. Iniciativas como el Espacio Europeo de Datos de Salud o el AI Act no son meros marcos regulatorios; son las bases de un modelo propio que busca impulsar la innovación sin renunciar a la protección de los ciudadanos.
En este contexto, España destaca como uno de los países mejor posicionados. La historia clínica digital interoperable, la receta electrónica común y la coordinación entre los servicios regionales de salud no son logros menores, son infraestructuras críticas que ya hoy permiten trabajar con una lógica de sistema. Este grado de madurez, combinado con la integración progresiva de datos y el desarrollo de nuevos servicios digitales, sitúa a España en una posición privilegiada para avanzar a nivel nacional y para desempeñar un papel relevante en la construcción de una sanidad europea más conectada.